lunes, 31 de julio de 2017

Hacia un frente democrático de izquierda / Víctor Flores Olea


Ciudad de México. Muchos síntomas indicarían que nos dirigimos hacia un centro de amplia democracia con características específicas, según las condiciones del país. No a un acuerdo o alianza formal de los partidos políticos de izquierda, que parece estar más allá de las posibilidades prácticas de su conjunto. Entonces, más bien a la creación de un frente democrático y popular ampliamente coincidente pero sin las exigencias e inhibiciones que normalmente tiene una alianza entre partidos formales que, como decía, impone casi siempre condiciones que tanto partidos políticos como militantes de las izquierdas organizadas no estarían siempre en condiciones de aceptar; en cambio, las condiciones generales que priven hoy en el país darían lugar mucho más fácilmente a un movimiento amplio, ese sí de carácter democrático, nacional y diversificado que lo distinguirían fuertemente en el momento electoral.
Pienso que de esa manera se alcanzaría sin duda el triunfo de las izquierdas, que podría dificultarse más allá de lo previsible si un solo partido político fuese el representante de tal divisa en las urnas. Pero eso sí, en las condiciones actuales del país no hay ninguna duda que Morena, y por tanto Andrés Manuel López Obrador, estarían en el centro dirigente de tal frente, ya que ahora es el partido y el dirigente que han mostrado, en la práctica y en las encuestas, una mayoría abrumadora por parte de las izquierdas, representando en esa perspectiva a una clara mayoría del electorado mexicano, más allá de otros partidos políticos o sectores sociales que se ostentan también como de la izquierda.
Esa "representación" de la izquierda democrática que han ganado ya Morena y su fundador principal, para quien tenga un ápice de claridad política, resulta ya un hecho incontrovertible que no puede ignorarse o negarse, y no es que se "imponga" por nadie, sino que la fuerza de los hechos lo muestran, decíamos, como un hecho consumado incontrovertible. Sin embargo, tal paso parece necesario porque es la manera de derrotar contundentemente a una derecha que también se ha consolidado en el país, llámese PRI, PAN o inclusive fracción o fracciones del PRD (como se mostró en el Estado de México) que se desprenderían de ese partido para votar por el "frente democrático de izquierda", en vez de traicionar su pasado votando al lado del PRI o del PAN, que se han situado prácticamente siempre en las antípodas de sus convicciones.
Desde luego, en una democracia como la nuestra los números son fundamentales, tanto más que, por lo visto, incluso recientemente, los fraudes y las trampas electorales siguen tan vigentes como siempre. Desde hace años hemos venido sosteniendo que, más allá de los esfuerzos que se lleven a cabo en variedad de planos, las fuerzas de izquierda, las de oposición desde luego, deben tener al menos un 5% de sufragios por arriba de los partidos del establishment, para lograr la holgura necesaria que haga menos críticos los efectos del fraude que de todos modos procurará realizarse. Y ese 5% de mayoría (al menos) sólo podrá lograrse indiscutiblemente con la formación definitiva del frente democrático al que nos hemos referido. El triunfo es de las izquierdas, pero pienso que debe realizar todavía un esfuerzo adicional en el sentido que señalamos.
Por supuesto que sería magnífico que los líderes de la izquierda que lo han sido con mayor prestigio en los últimos años dejaran de lado las rencillas o resentimientos que pudieran haber acumulado en años pasados, y que los han relativamente separado de otros líderes de la propia izquierda, y dieran el paso histórico, que también sería un enorme paso moral, de hacer a un lado sus resentimientos y pronunciarse abiertamente, llamando unos y otros, a constituir ese frente democrático del que hemos hablado en este artículo.
La diferencia puede ser fundamental: el triunfo de la izquierda en México, que sería altamente significativa no sólo en el país sino, por el peso histórico que tenemos en la tradición histórica del continente, en el plano internacional, en el sentido de que sería también una señal inequívoca de que el mundo no transita sin graves obstáculos hacia la derecha, como se ha dicho recientemente, sino porque hay ideas, partidos y naciones que se oponen exitosamente a tal tendencia. Mucho más cuando tenemos, todo el subcontinente, como vecino amenazante, una Casa Blanca dirigida por un personaje como Donald Trump, que podría ostentarse como flor de los jefes de Estado retrógrados más peligrosos que ha tenido el mundo en muchos años.
Recordemos que su presupuesto militar solicitado y concedido es el más grande de la historia de los Estados Unidos y que este país, y su Presidente, parecen dispuestos a utilizarlo a la primera oportunidad, además de que ahora ya invierten esa riqueza en una renovación escalofriante de su arsenal armamentista.
Me parece que son abrumadores los argumentos de carácter humanitario y moral que se oponen a un desarrollo letal de las armas de “destrucción masiva”. Un país, como México, con un gobierno de izquierda, independientemente de su peso internacional, sería un factor más en un mundo que parece avanzar por el camino de la autosdestrucción, con muy pocas voces que se oponen eficazmente a esa suerte de inmolación aceptada.
Habría seguramente muchos otro argumentos que fortalecen la necesidad imperiosa de que las próximas elecciones sean ganadas en México por una izquierda amplia, por un "frente democrático" como el descrito anteriormente. Esta importancia la tendría tanto en el plano nacional como en el internacional, que además actuaría seguramente para hacer menos trágicas las diferencias entre los "incluidos" y los excluidos" de la sociedad mexicana. Es decir, el triunfo de un amplio frente de izquierda, tendría un sin fin de repercusiones positivas en la sociedad nacional y en la internacional, en tanto que un nuevo triunfo de la derecha pondría en vilo buena parte de las relaciones internacionales en que participa México, empujando hacia el lado de la destrucción. El mejor aspecto de nuestra historia quedaría en entredicho, otra vez con la derecha en el poder.

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